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Eso era lo que hacía falta, según un informe de 1800, para atajar de raíz el rampante problema de la pobreza y la mendicidad. Y esa es la idea motriz agazapada en los orígenes sociales y arquitectónicos de la Casa de la Beneficencia.
Hasta 1982 se dedicó a la educación de los niños.

En origen, el edificio de La Beneficencia fue un convento de agustinos, fundado en 1520 y ocupado posteriormente por religiosos franciscanos, dedicados a la veneración de la corona de espinas, de ahí el nombre de la calle Corona.
“Para socorrer y extinguir á los mendigos, se les ha de adoctrinar en la teoría de su profesión, para que en el decurso de un año ó 18 meses se ponga en estado de ganar la vida con el trabajo de sus manos”.
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